Las muelas del juicio son los últimos dientes en aparecer, se sitúan al fondo de la boca y, en muchas personas, irrumpen cuando la dentición ya está completa. Su salida suele concentrarse al final de la adolescencia o al inicio de la veintena, una etapa en la que el espacio disponible en la mandíbula y el maxilar puede ser escaso.

Esa falta de hueco explica por qué, a pesar de que a veces pasan desapercibidas, también pueden convertirse en una fuente de molestias. Cuando no erupcionan correctamente o quedan retenidas, es más fácil que aparezcan dolor, inflamación de encías y episodios de infección, además de problemas asociados a caries o a la presión sobre piezas vecinas.

No existe una regla universal que obligue a extraerlas siempre. La decisión suele depender de su posición, del riesgo de complicaciones y de los síntomas. En términos generales, el periodo típico de aparición se sitúa entre los 17 y los 21 años, justo cuando muchas bocas ya no tienen margen para acomodar un nuevo molar sin consecuencias.

Cuándo se recomienda la extracción y qué esperar del proceso

Las indicaciones más habituales para retirar una muela del juicio se relacionan con el riesgo de infección o caries, y con la posibilidad de que su empuje provoque apiñamiento o desalineación. También se valora si existen quistes u otras alteraciones que puedan dañar el hueso o el diente contiguo. Encías enrojecidas, dolor mandibular, mal aliento o un sabor desagradable en la boca pueden estar entre las señales de aviso.

Antes de decidir, se realiza una exploración y suele recurrirse a pruebas de imagen para conocer la posición real del diente y el espacio disponible. Esa información permite estimar la dificultad y escoger el abordaje más seguro.

Durante la extracción, lo más habitual es usar anestesia local, que adormece la zona. Después se accede al diente mediante una pequeña incisión en la encía para exponer la corona y, si es necesario, el tejido o el hueso que la conecta. A continuación se realiza la retirada y, en determinados casos, se colocan puntos de sutura, aunque no siempre hacen falta.

El postoperatorio inmediato suele concentrar las principales molestias. La recuperación varía de una persona a otra, pero con frecuencia se mueve entre unos días y una semana. En la primera hora se recomienda no comer ni beber, para no interferir con la formación del coágulo que protege el alveolo, y en los días posteriores conviene evitar alimentos duros, muy masticables o picantes.

La dieta blanda ayuda, sobre todo al principio. Suelen tolerarse bien cremas y purés, yogur o fruta madura, y conforme baja la inflamación se reintroducen alimentos con más textura.

La higiene también requiere cuidados. En las primeras 24 horas se aconseja no enjuagarse de forma vigorosa ni escupir con fuerza, el objetivo es proteger el coágulo. Pasado ese primer día, los enjuagues suaves con agua tibia y sal pueden contribuir a la limpieza, y el cepillado debe continuar evitando el área intervenida.

En los primeros días conviene reducir el esfuerzo físico y evitar succionar con pajita, porque ese gesto puede desestabilizar el coágulo. También se aconseja no fumar y limitar el alcohol, ya que retrasan la cicatrización. Si se pauta medicación, debe tomarse según indicación y acudir a revisión si se solicita.

Entre los riesgos potenciales figuran el sangrado, la hinchazón y el dolor. En algunos casos puede aparecer entumecimiento por afectación de nervios cercanos, y una de las complicaciones más conocidas es la alveolitis seca, cuando el coágulo no se forma o se desplaza, dejando el hueso expuesto y provocando un dolor intenso. También pueden presentarse infecciones o retraso en la cicatrización, y en situaciones concretas molestias sinusales.

Conviene vigilar señales de alerta, fiebre, secreción amarilla o blanquecina, dolor que no mejora o sangrado persistente. Ante estos síntomas, se recomienda consultar cuanto antes, porque las complicaciones responden mejor si se tratan a tiempo.

La prevención, en cualquier caso, empieza con una buena rutina de higiene bucodental y revisiones periódicas. Detectar a tiempo una muela mal posicionada permite planificar con calma. Y, tras la intervención, descansar y seguir las pautas profesionales ayuda a que la recuperación transcurra con menos sobresaltos.