Las encías no suelen dar señales hasta que algo va mal. Si se enrojecen, se inflaman o sangran al cepillarse, conviene no restarle importancia: las enfermedades de las encías son frecuentes y pueden avanzar desde molestias leves hasta problemas más serios, con mal aliento, retracción gingival e incluso dientes que pierden su estabilidad con el paso del tiempo.

En ese contexto se sitúa la gingivectomía, una intervención en la que se retira tejido de la encía para mejorar la salud bucal cuando existe un exceso gingival o cuando la inflamación ha generado zonas donde se acumulan bacterias con facilidad. Puede plantearse en cuadros como gingivitis, periodontitis o presencia de bolsas periodontales, y también se emplea con finalidad estética cuando la encía cubre demasiado la corona del diente. En algunos casos, la ortodoncia o determinados cambios en la posición dental se asocian a un aumento del volumen de encía, lo que dificulta la higiene, y una corrección del tejido ayuda a que el mantenimiento diario sea más sencillo.

Antes de indicar una cirugía, lo habitual es evaluar opciones menos invasivas. Una limpieza profesional y mejoras en la higiene pueden controlar muchos problemas, pero cuando el sangrado y la inflamación se mantienen, o cuando el exceso de encía impide una limpieza eficaz, el plan de tratamiento puede incluir una cirugía gingival como parte de un abordaje más amplio para recuperar el equilibrio de la boca.

Del diagnóstico a la recuperación, lo que conviene saber

El procedimiento comienza con una valoración clínica y una planificación del contorno que se quiere lograr. Tras aplicar anestesia local, el especialista elimina el exceso de encía con instrumental quirúrgico o con láser y, después, remodela la línea gingival para que quede proporcionada respecto al diente. En la técnica convencional pueden colocarse puntos para favorecer el cierre y controlar el sangrado, mientras que con láser, al cauterizar el tejido, en ocasiones no son necesarias suturas. En situaciones concretas, puede requerirse además una pequeña remodelación del tejido de soporte para obtener un resultado más estable y facilitar la higiene posterior.

El postoperatorio inmediato suele estar marcado por el efecto de la anestesia. Mientras persista el adormecimiento, es recomendable evitar alimentos y bebidas muy calientes y masticar con cuidado para no lesionarse sin darse cuenta. Durante las primeras horas también se aconseja no enjuagarse ni escupir con fuerza, ya que puede alterarse el coágulo que ayuda a cicatrizar y aumentar el sangrado. Descansar, evitar esfuerzos intensos y prescindir de alcohol durante el primer día suele formar parte de las pautas habituales. El tabaco, por su relación con una cicatrización más lenta y con mayor riesgo de complicaciones, es uno de los factores que más se insiste en evitar.

Para el control del dolor, lo más frecuente es recurrir a analgésicos comunes, como paracetamol o ibuprofeno, respetando las dosis indicadas y teniendo en cuenta las condiciones de cada persona. En general, se recomienda evitar medicamentos con ácido acetilsalicílico por su efecto sobre el sangrado. Otra recomendación práctica es tomar la primera dosis cuando aún hay cierto efecto anestésico, para que la molestia no aparezca de golpe al desaparecer la anestesia.

A partir del día siguiente, la higiene vuelve a tener un papel central, aunque con especial delicadeza. El cepillado debe ser suave y cuidadoso, evitando irritar la zona intervenida. Es habitual aconsejar enjuagues de agua templada con sal varias veces al día durante los primeros días, especialmente después de comer, como apoyo a la limpieza. La alimentación suele orientarse a comidas blandas y templadas al principio, incorporando texturas más normales de manera progresiva según disminuya la sensibilidad. Si aparece hinchazón, el frío local aplicado de forma intermitente puede ayudar a aliviarla.

Durante los primeros días puede ser normal notar saliva ligeramente rosada. Si el sangrado es persistente, la pauta más repetida consiste en colocar una gasa o paño limpio, algo humedecido, sobre la zona y presionar mordiendo durante unos 20 minutos. Si se han colocado puntos, en muchos casos son reabsorbibles y tienden a desprenderse por sí solos en torno a una o dos semanas, aunque los plazos pueden variar según la técnica y la evolución de cada paciente.

En cuanto a la medicación, no siempre se prescriben antibióticos, ya que su uso depende del cuadro clínico y del criterio profesional. En cambio, sí es importante vigilar señales que aconsejan consulta, como fiebre, aumento claro del dolor, inflamación marcada, sangrado que no cede o mal olor y mal sabor persistentes, porque pueden indicar una complicación o una infección.

El objetivo final de la gingivectomía es reducir áreas donde se retienen bacterias, facilitar la higiene diaria y contribuir a la recuperación de la encía, además de redefinir el contorno cuando se considera necesario. El seguimiento posterior y el cuidado en casa son los que consolidan el resultado, ya que una encía que cicatriza bien es también una encía más fácil de mantener sana en el tiempo.